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Max Mosley, Presidente de la F.I.A (algo así: como el Papa del deporte automovilístico mundial) se encuentra en Mónaco para seguir de cerca, como su cargo obliga, el desarrollo del G.P. de Mónaco. Mis ex-colegas profesionales que ahora están trabajando en algunos equipos de F1 y que sn los que me informan de los constantes rumores que caracterizan a la actual F1, me confirmaron que el Sr. Mosley se paseó durante toda la mañana de ayer por el Paddock, zona de Boxes y oficinas del Automobile Club de Mónaco (organizador de esta prueba) rodeado de una nube de periodistas, lo cual no es noticia ya que como recordarás aún flota en el ambiente ese famoso -y, en mi opinión, anodino- sorpendente video mediante el cual todo el mundo se ha enterado de como invierte su tiempo libre el Presidente. Mosley, simpático, risueño y amable, se encontró con Ecclestone máximo responsable de la F.O.C.A (Asociación de Constructores Formula Uno, pero en inglés); se saludaron con frialdad pero con educación, y cada uno siguió su camino. Pese a guardar las formas en público (nobleza obliga) la situación hoy por hoy, entre estos dos personajes, es la siguiente: Ecclestone, histórico amigo y aliado de Mosley, a día de hoy -desde la aparición del video de las amiguitas sexis de Mosley- ya no lo és. Ecclestone quiere que Mosley dimita y deje el cargo de Presidente, para lo que ha iniciado, desde hace varias semanas, una campaña de contactos personales, para que los propios equipos y marcas, soliciten al Consejo de la F.I.A el cese inmediato de Max Mosley; una medida de fuerza que servirá para que en la próxima asamblea general de la F.I.A., los delegados voten en contra de la continuidad de Mosley, al que aún le quedan un par de años de mandato. Por su parte, Mosley, viejo zorro desde que era uno de los propietarios del equipo March (la "M" es de Mosley), desde que es Presidente de la F.I.A., siempe se ha preocupado para que los miembros del Consejo General fueran afínes a él. Cuidadosamente elegidos y sutilemente mimados en los más mínimos detalles, los que hoy componen el Consejo dificilmente obligarán a Mosley a cesar en su cargo, porque a la vez, estarían firmando su, digamos, propia sentencia de muerte. Y así están las cosas. Uno, Mosley, tiene el poder legislativo (la carpa del circo es suya); el otro, Ecclestone, tiene el poder del espectáculo (los enanos, payasos y trapecistas son suyos) ¿Puede un Circo prescindir de su carpa para seguir ofreciendo un buen espectáculo? La guerra no ha hecho más que empezar.
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