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En el G.P. de Canadá, entre que el asfalto se despegaba, los comisarios tardaban en despejar la pista y que Hamilton embestía a Raikkonen en la salida del Pit Lane, Kubika que hace solo un año se arreaba un tortazo impresionante, fue el único que supo aprovecharse con autoridad de una carrera caótica que, cosa rara, nos entretuvo -al menos a mí- durante casi dos horas. Del resto, salvo Alonso, en mi opinión, que también fue -a su manera- protagonista destacado mientras estuvo en la pista persiguiendo y acosando a un desbordado Heidfeld, y Massa que desde atrás nos deleitó con un adelantamiento que pasará a la historia, del resto digo, poco más que comentar. Relatar este G.P. no es necesario, aunque yo quiero destacar dos temas: la embestida de Hamilton a Raikkonen en la salida del Pit Lane, y la boda de Briatore que se celebrará este próximo fin de semana. Lo de Hamilton responde,en mi opinión, a esa en ocasiones desmesurada "fogosidad" que unos definen como competitividad. Suerte que embistió a Raikkonen que con esa cara de que-todo-me-da-igual, solo se limito a tocarle el hombro a Hamilton y señalarle con el dedo el semáforo. Otro, pongamos un mediterráneo, le habría roto la cara al "niñato" de Mclaren. Fogosidad, audacia, competitividad; yo creo que ese incidente solo se debió a prepotencia mal utilizada. Briatore se casa con Elisabetta -vaya monda-, y lo harán muy enamorados, seguro. A la boda, entre los muchos de cientos de invitados, asistirán los señores de Aznar, y los señores de Agag, por poner solo unos viejos conocidos nuestros. Se presume que la boda será un evento cargado de "glamour", belleza y elegancia. Ya sé que esto no te importa en absoluto, pero es el único recurso que tengo para decir que a mí, Briatore, cada día me recuerda más a Umberto Janeiro, el padre del torero Jesulín de Ubrique, pero en pobre y sin yate... a lo sumo con Zodiac... ¿O no?
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