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La actual configuración del denominado: "deporte-espectáculo-de élite", como por ejemplo: la F1, precisa de unos elementos propios que deben interesar, deleitar y entretener al público -o a la audiencia- que, al fin y al cabo, somos los que lo mantenemos. De ahí, esas "macro-ceremonias" de los juegos olímpicos. Esas impresionantes "cheerleader" siempre presentes en el deporte americano. Las no menos voluptuosas "señoritas" (mis queridas "babes") de la F1 y MotoGP o las "chicas en bikini" de los combates de boxeo; y eso, solo por poner unos pocos ejemplos de unos elementos imprescindibles en cualquier evento deportivo de primer nivel que se precie. Son, en suma, el denominador común del espectáculo que solo persigue un objetivo: crear interés, expectativas y conseguir incluso centrar la atención del público antes, durante y dspués del evento en cuestión. Vamos: hacer literalmente babear al espectador. Si se consigue este objetivo (que se consigue, al menos en la F1 y MotoGP) el éxito del evento está asegurado. Luego, que la carrera sea aburrida (como ocurre en la mayoría de pruebas de F1, menos cuando llueve...) que el combate de boxeo dure solo un "round" o que la ceremonia de los juegos olímpicos sea un peñazo multicolor de cuatro horas de duración, eso no tiene mayor importancia. Lo verdaderamente relevante es: el erotismo del entorno de los protagonistas de estos eventos. La actual, dicen, novia de Hamilton, solitsa del grupo "Pussycat Dolls" (entre nosotros: un pivon de tía... ver la foto adjunta) El nuevo yate de diez millones de euros de Raikkonen. La boda de Briatore (por amor, claro...) El divorcio (que pena, ¿verdad?) del estricto y no por ello menos chapucero Ron Dennis, o los "curiosos" juegos sexuales de Max Mosley, han sido noticia a lo largo de este año en el ámbito de la F1 y, por serlo, han ayudado en buena medida a que incluso los que les dá igual eso de la F1 (que son muchos... muchísimos) se interesen aunque muy discretamente, pero con un cierto morbo, por la vida de estos personajes que hoy por hoy conforman un mundo lejano, pero a la vez envidiado para el simple mortal como yo o, sin ánimo de ofender, supongo que como tú. Hamilton,un niñato competitivo y, por tanto, poco reflexivo en sus maniobras (solo hay que ver las imagenes por las que fue sancionado ayer en el G.P. de Bégica). Raikkonen, a quién le han colgado el San Benito de que la "noche le confunde", son claros ejemplos (que también los hay en otros deportes de élite) por los que semana tras semana seguimos embobados delante del televisor, con el único fin de ver sus peripecias en la pista. La pregunta es: nos interesa ¿por lo bien que pilotan esos coches inconducibles? o, simplemente, ¿porqué en el fondo nos gustaría ser como ellos? Yo creo que por ambas peculiaridades, pero principalmente por la segunda. La verdad es que esta reflexión (que, entre nosotros, no sé muy bien a donde quiero llegar) hace que la F1 esté consiguiendo unos volúmenes de audiencia inauditos, particularmente en España. Y no solo por Fernando Alonso, sino por todo el entorno que rodea esta actividad entre lúdica y deportiva. Luego sí, claro, para los puristas de la F1 o de las motos, hay que adobarlo con comentarios técnicos, estrategias, consideraciones ambas muy interesantes, pero aburridas al fin y al cabo. Ojo, como siempre, es solo mi opinión..., claro.
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